Probablemente hayas visto la frase “crecimiento = cambio”. Es posible cambiar sin crecer, pero es imposible crecer sin cambiar.

Una de las claves para hacer los cambios adecuados que nos permitan crecer es conocer la diferencia entre un problema o desafío, lo cual puedo cambiar, y un hecho de la vida, lo cual no puedo cambiar. Por ejemplo, un día siendo adolescente me miré en el espejo y me di cuenta repentinamente de que no era un tipo muy apuesto como el resto de mi grupo de amigos. Era un hecho de la vida. No podía cambiar mi rostro. ¿Qué podía hacer? Tomé una decisión. Voy a cambiar mi actitud al respecto. Voy a sonreír. ¿Cambió mi rostro? No, en verdad no, pero me ayudó a verme mejor.

Como yo, tú tienes que tratar con muchos hechos de la vida. No puedes cambiar dónde y cuándo naciste. No puedes cambiar quiénes son tus padres. No puedes cambiar tu altura o tu ADN, pero puedes cambiar tu actitud con respecto a estas cosas. Debes poner tu mejor empeño para vivir con ellas.

Un problema es distinto. Un problema es algo en lo que tu puedes hacer algo al respecto. Es algo por medio de lo cual tu puedes crecer. ¿Cómo? Irónicamente, comienza con un primer paso similar: un cambio de actitud. Cuando tu cambias tu actitud con respecto al problema, abres muchas oportunidades de crecimiento.